Venezuela: socialismo chavista vs desregulación neoliberal

Protestas violentas en Venezuela
La crisis de Venezuela es un tema que hay que tratar con mucha delicadeza. No podemos asumir de forma taxativa las consignas lanzadas por el Gobierno de Maduro o, antes que él, de Chávez, de que están defendiendo la "democracia bolivariana" en el país, contra los ataques de fascistas empujados por los medios de comunicación occidentales y, muy particularmente, por el gobierno de EEUU. Y no podemos hacerlo porque un gobierno que utiliza la represión policial, la censura informativa o, directamente, los cortes de Internet contra su propio pueblo, no está defendiendo una democracia de ningún tipo: en todo caso está defendiendo su sistema político establecido. Una democracia debería responder de forma pacífica y flexible a la opinión de un pueblo, tanto si éste está equivocado como si no; tanto si la opinión del pueblo va en contra del Gobierno como si no. Y es que un hombre, Nicolás Maduro, que ayudó a organizar un partido político, el MVR, junto a un señor, Hugo Chávez, que intentó acceder al gobierno por la vía del golpe militar en 1992, no puede fanfarronear de ser un defensor de ninguna democracia.

Ahora bien: limitarse a observar los acontecimientos en Venezuela como un problema local, de repercusión local y con actores locales, tal y como nos lo muestran una y otra vez en televisión y periódicos, es un acto de irresponsabilidad por parte de quienes, ciegamente, así lo asuman. Chávez y Maduro han ejercido, y continúa ejerciendo el segundo, maniobras de terrorismo de estado: esto es verdad. Pero que intereses económicos internacionales están detrás de los ataques contra la estabilidad venezolana también lo es. Y están detrás de todo ello, sobre todo desde la entrada de Maduro al poder hace poco más de un año, no solo alentando los movimientos juveniles violentos sino acosando al país con una guerra económica con el fin último de derribar al gobierno y poner en manos privadas los bienes del Estado. Se han podido observar a lo largo y ancho del país, como los productos de consumo se han encarecido a niveles absurdos, cuando no sencillamente han dejado de abastecerse, en muchos sitios el gobierno ha tenido que establecer una suerte de "racionamiento" a la hora de comprar en los supermercados, no dejando comprar a cada ciudadano más que un número limitado de cosas... y el problema es que a ese mismo gobierno solo se le ocurre atajar todo esto con la represión de las legítimas protestas ciudadanas. ¡Normal que los venezolanos estén hartos! Por desgracia el venezolano medio no tiene tiempo ni fuerzas para hacerse la gran pregunta: ¿por qué mi país está como está?

Para poder estudiar esta situación debemos conocer varios factores:

  • Que Venezuela es un país con grandes riquezas y tierras, y lo más codiciado por los inversores extranjeros: el petróleo. 
  • Que durante la segunda mitad del S. XX se dejó apartado de la vida política al Partido Comunista, al que no le quedó más remedio que la lucha armada, consumando una alternancia de partidos gubernamentales favorables a la privatización y a la paulatina retirada de fondos en el sector público, en gran medida provocados por un ajuste económico auspiciado por el FMI.
  • Que durante los gobiernos de los antecesores de lo que hoy es la oposición, la corrupción fue generalizada y los beneficios obtenidos por la venta del petroleo apenas llegaron a la población.
  • Que la "revolución bolivariana" puede entenderse como una reacción natural al desgaste de la imagen de los distintos gobiernos anteriores a Chávez, así como una política "revanchista" con aquellos que les condenaron durante tanto tiempo a la clandestinidad.
Así, nos encontramos con un expresidente que, ya en su primera legislatura, promulgó políticas en favor del campesinado, de los productores artesanales y, en general, de las clases populares que le auparon al poder en 1999. Dichas políticas tuvieron el efecto que podía esperarse entre las clases media-alta, las grandes fortunas, terratenientes y grandes ganaderos, así como de los hombres del negocio del petroleo: el rechazo total. Y es que, nos guste o no, el mundo actual se encamina sin freno a ser dominio exclusivo de la propiedad privada, merced a las políticas de desregulación financiera que se están llevando a cabo en todo el mundo occidental. En tales circunstancias, en las que el capital es más poderoso que un gobierno, hacer políticas radicales puede resultar, de forma paradójica, pernicioso para aquellos a los que, en principio, iban a favorecer. Así, en 2002, cuando Chávez decretó esas medidas populares, se provocó intencionadamente un aumento de los precios de bienes de consumo con la consiguiente inflación, desabastecimiento... ¿os suena de algo? Lo más grave de este asunto fue que, en una oscura conspiración donde no solo intervinieron "actores locales", se gestó ese mismo año un Golpe de Estado, que derrocó a Hugo Chávez durante dos días, organizado por parte de esa misma oposición que hoy clama por la libertad, la fraternidad y esas cosas. El presidente de la Cámara de Comercio de Venezuela de aquel entonces se autoproclamó Presidente de la República y disolvió Cortes, Tribunales y Ministerios sin que mediara proceso electivo alguno por parte de la ciudadanía. Aunque el Golpe de Estado no tuvo finalmente éxito y Chávez volvió al poder, si dejó claras dos cosas:
  • Que los dirigentes de la oposición no son ninguna hermanita de la caridad. No son unos fervientes patriotas venezolanos que buscan la libertad de la ciudadanía. Buscan la libertad comercial, esto es, el neoliberalismo, ya sabéis: privatizaciones, deuda, recortes del gasto... 
  • Que el actual gobierno es un incompetente integral, pues aunque las ideas originales eran buenas, la forma radical de impulsarlas provocó el efecto no deseado que, a día de hoy, todavía sufren los venezolanos.
Son necesarias unas políticas de entendimiento, de conciliación, de equilibrio, para que Venezuela pueda salir de la crisis en la que se encuentra sumida. Sí, hay que luchar contra la derecha neoliberal que ahora mismo impera en el planeta, pero enfrentarla de cara no siempre es la solución más propicia: hay que aceptar la iniciativa privada, pero retomando las políticas de regulación que tanto éxito tuvieron en los países industrializados a mediados del s. XX... allí en Venezuela y aquí en Europa. Pero dado el cariz extremista que están tomando las cosas, en las que ya hay que contar víctimas mortales, no parece que a nadie le interese ya acercar posturas ni se observa un horizonte pacífico para el país.

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  1. Acertada reflexión, como siempre. Lo malo de Venezuela es que durante mucho tiempo una oligarquía conservadora gobernó para sí misma y provocó una reacción proporcional. Ahora, el Régimen chavista gobierna para los suyos, con el denominador común de la inoperancia y la corrupción a espuertas. Esto solo se soluciona con visión de Estado y la inclusión del adversario en cualquier plan de futuro. Eso sí, no sé si prefiero el actual estado de las cosas a la alternativa del ultramercado, como está pasando en España. La verdad es que me bajaría del planeta gustoso.

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    1. Hay quien no estará tan de acuerdo como tú con esta reflexión. Ahora mismo están tan podridas las instituciones, tan corrupta la clase política que, por error, se le confiere a esta política revolucionaria la cualidad de defensora de las libertades contra la derecha conservadora, sin pararse a pensar en si la alternativa que ésta ofrece se parece lo más mínimo a la verdadera libertad. Y es que la desesperación es mala consejera...

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