El avispero de Irak y Levante


Quien crea que el Islam es una religión uniforme en sus planteamientos se equivoca. Al igual que el cristianismo, la religión de Mahoma se ha ido ramificando a lo largo de los siglos en diversas corrientes de pensamiento y sectas menores. A esto, hay que sumar que, a diferencia del credo occidental, el Islam no cuenta con una estructura jerárquica como puede ser el Vaticano. De ahí que nos sorprendamos con afirmaciones tan contradictorias como que el Corán promueve el amor y la paz al tiempo que contemplamos atónitos que ese mismo libro incita a la venganza y a la guerra santa. Lo esencial es que cada musulmán puede interpretar su religión confirme a su coyuntura y su tiempo, y eso convierte al Islam en una especie de cheque en blanco para nutrir cualquier causa. Además, esta religión no solo no cree en las separación entre el credo y el Estado, sino que propugna que todos los asuntos públicos deberían estar regidos por la religión.

Hay que entender esto, entre otras cosas, para comprender lo que está pasando en Irak y países aledaños, que hace algunas semanas parecían estallar bajo las narices de un adormecido Occidente en una nueva guerra, esta vez civil. ISIL, también conocido como el Ejército de Liberación de Siria y Levante, es un movimiento que ha medrado a la sombra del caos iraquí posterior a la ocupación estadounidense y está barriendo regiones enteras del país, instaurando un califato con pretensiones de no solo perdurar, sino atraer mediante el llamamiento a todo musulmán de bien para forjar la auténtica nación islámica, como lo hiciera el joven Estado de Israel, a finales de la década de los 40, para la población hebrea del mundo.

Esto es un hecho inédito y, hasta cierto punto, preocupante para Occidente, pues se trata del primer intento de trascender el localismo y la anécdota colorista con tintes fundamentalistas para dar un serio paso hacia la radicalización institucional y definitiva de la región. Pero también es importante porque, por primera vez en décadas, los hilos del enemigo musulmán no los maneja la CIA mediante títeres como Bin-Laden, oportunamente "desaparecido" su cadáver en algún mar lejano, sino que son fruto de unas políticas absolutamente desastrosas en la región por parte de unos Estados Unidos que hace tiempo perdieron la mano con su papel de potencia hegemónica.

Sunnitas y shiítas

Reparto de la población islámica por intensidad. Verde, sunnismo, verde, shiísmo.

Un espectador ajeno al Islam podría preguntarse por qué se matan ahora musulmanes entre ellos. Si bien la respuesta fácil sería que el conflicto se debe a la no aceptación de un gobierno impuesto por Occidente (que algo hay también), hay que fijarse en el cisma que separa al mundo islámico entre sunnitas y shiítas. Sin pretender entrar en un estudio a fondo, los sunnitas, que deben su nombre a la palabra árabe "sunnah" (tradición), conforman el 90% de la población islámica del mundo. Se rigen por dicha tradición y la ley islámica, así como los preceptos del Corán que, entre otras cosas, prohíbe el culto a la personalidad más allá del Profeta Mahoma, y la imaginería (ni pinturas, ni esculturas ni cualquier forma de arte es permitida, ya que según su concepción ningún hombre puede imitar la grandeza de Dios). Los shiítas, cuya denominación significa literalmente "grupo" o "facción", apenas suponen un 8% de la población islámica, y remontan su origen a la escisión provocada por el imám Ali, que no reconocía a los sucesores que vinieron tras la muerte del profeta.

También hay que entender que esta rama minoritaria afloró con especial fuerza en los antiguos territorios de Persia, la actual Irán, conformando un credo sincrético que incorporó muchos principios de zoroastrismo. Por esta razón, a diferencia de los sunnitas, este grupo tiene más mano ancha con la imaginería y se permite sacar a la calle los retratos de sus hombres santos, como el propio Ayatollah Jomeini, a los que consideran tan válidos, si no más, que el propio Mahoma.

Pero no nos llevemos a engaño en función del relativamente escaso número de shiítas que hay en el mundo. No olvidemos que una de las potencias regionales de Oriente Medio, Persia, sufrió una revolución islámica y se convirtió en una de las pocas teocracias del planeta, pilotada por un cuerpo de clérigos shiítas fundamentalistas. Recordemos también que Irán se enfrentó en los años 80 a Irak en una de las guerras contemporáneas más cruentas, y recordemos también que el Régimen iraquí, liderado por Saddam Hussein, se caracterizaba por su tinte sunnita, además de purgar sus instituciones (y casi sus calles) de todo vestigio de la minoría local shiíta. 

El contexto regional

Donald Rumsfeld haciendo migas con Hussein en una vista a Irak en 1983

La mayor manifestación del enfrentamiento entre estas dos corrientes se produce en la guerra de Irán-Irak (1980-1988). El régimen de Hussein se caracterizaba por el tinte laico del partido Baath, que gobernaba tanto en Irak como en Siria, con la férrea batuta de Hafez al-Asad, y contaba con el explícito apoyo de las potencias occidentales, encabezadas por Estados Unidos, la misma nación que cometería el error de su historia al incluir al dictador árabe en el Eje del Mal.

Pero, en justicia, el desastre venido de la mano de Occidente en la región no se limita ni empieza con la última guerra del Golfo, sino en el propio reparto y diseño de las fronteras tras la descolonización. Es importante saber que lo que el ISIL llama "Levante" se compone de lo que siempre fue una pseudiounidad cultural y hoy se conoce como Irak, Siria y Líbano, concediendo que Kuwait en realidad es una región arrebatada a Irak y causa de anteriores conflictos internacionales en la zona. En realidad se trata del mismo sentir social arrasado por los intereses postcoloniales y el reparto de las influencias de la explotación petrolífera. Más adelante retomaremos esta línea, pero baste con saber que la región del Levante árabe es como un campo reseco que no entiende de líneas divisorias artificiales y que la chispa, prenda donde prenda, acabará extendiéndose por toda la región. Prueba de ello es la inestabilidad endémica de la zona, agudizada en en los dos países aledaños cuando se establece en uno de ellos.

Extraños compañeros de viaje


ISIL, con sus todoterrenos Toyota último modelo, sus blindados impolutos y su armamento a estrenar, todo ello financiado por Arabia Saudí, es la chispa que pretende devolver a su cauce mediante el terror y el extremismo lo que las potencias occidentales han intentado cambiar a base de la democratización forzosa. Pero bien es sabido que el cauce de un río siempre fluye en una dirección, por mucho que nos empeñemos en revertirlo. ¿Y por qué hablamos de Arabia Saudí? Porque en la región siempre ha sido el contrapeso al shiísmo iraní, que a su vez, irónicamente, busca contraequilibrios alineándose con Siria, la prima hermana de Irak. Como vemos, es un contexto muy complejo que no admite las lecturas simplistas de los analistas de la CIA que no saben o no quieren saber nada de los que están sobre el terreno.

Las acciones emprendidas hasta ahora, como la instauración de un Régimen títere de tinte shiíta, han conseguido que el vecino Irán se alegre tanto como soliviantada se siente Arabia Saudí, que ve peligrar su hegemonía local, sin perder de vista que bajo el suelo iraquí se esconde la segunda mayor reserva de crudo. ISIL no es más que el resultado de una serie de desastres geopolíticos diseñados en Occidente sin tener la menor idea de la compleja realidad del Levante. La mayoría sunnita, radicalizada por el expolio estadounidense tras la ocupación, vuelve ahora que ya es tarde para toda transición sensata. Es muy probable que miembros del desmembrado ejército iraquí, que hubiese sido el delgado hilo que mantendría unidas las estructuras de poder local si Estados Unidos hubiese sabido lo que hacía, ahora nutran las filas de este ejército aparentemente improvisado. Es muy posible que los mismos que antaño sirvieron a un Régimen laico financiado por Estados Unidos ahora no solo vuelvan para vengarse de las recientes afrentas, sino además con una carga fundamentalista que se escapa del control americano, una vez jubilado su principal activo en el tablero de juego, que no era otro que Osama Bin Laden.

Así las cosas, ahora los principales interesados en contener la amenaza sunnita del ISIL son Estados Unidos, a quien le ha explotado la olla en las narices, y la República Islámica de Irán, mientras que Arabia Saudí, aliada tradicional de los americanos, a buen seguro esté financiando a los rebeldes que ya dan pasos para convertir Irak en la primera parada hacia un nuevo califato islámico, con permiso de los kurdos al norte. Extraños compañeros de viaje hace la Historia, no cabe duda.

El califato de Levante

al-Baghdadi, autoproclamado califa de Levante

La idea de que se pretenda constituir un califato en una zona tan inestable supone palabras mayores habida cuenta de que, hasta ahora, los movimientos de insurrección islámica no pasaban de ser fenómenos locales sin muchas ambiciones o posibilidades de perdurar. Ahora, en cambio, a lo que asistimos es a una posible "afganización" del Levante con todas las salvedades que implican las diferencias entre las dos realidades. Primero: en la región hay petróleo, lo que implica directamente a las economías desarrolladas del planeta. Segundo: un califato es una organización jerárquica lo más parecida a lo que es un Estado nacional, solo que unido por la fe.

Esto cobra una dimensión mayor cuando sabemos que Abu Bakr al-Baghdadi, autoerigido califa, ha hecho un llamamiento a los musulmanes del mundo para que acudan a su nueva nación y tierra prometida. Además, no solo cuentan con armamento, sino que también es sabido que estas guerrillas ya se coordinan con las facciones más radicales de la resistencia siria, que sigue acosando a un Bashar al-Asad que se resiste como gato panza arriba.

Sin embargo, es probable que el califato pase por no pocas dificultades antes de asentarse como una realidad a tener en cuenta políticamente. La zona es un polvorín permanente, a lo que debemos sumar la tendencia de los califas a ser asesinados por sus sucesores.

Conclusiones

Zonas de influencia del ISIL en Oriente Medio

En Las ciudades ocupadas por ISIL se reparten Coranes y se instaura la ley islámica mientras que en Siria los radicales llegan de todas partes del mundo para derrocar una satrapía de corte laico. Si no fuese por el tiempo que al-Asad lleva resistiendo gracias al apoyo de Irán, China y Rusia, todo hace pensar que la suerte de Siria es seguir los pasos de su vecino Irak. Es pronto para hacer apuestas, pero antes de que llegue la calma seremos testigos de más caos y derramamiento de sangre.

La política occidental de instaurar democracias al margen de la realidad local ha demostrado ser un fracaso a corto plazo. Las políticas de intervención de las potencias emergentes, como China o Rusia, mucho más pragmáticas, son indicadores de que la realpolitik sigue más que vigente en una época en la que las democracias se repliegan sobre sí mismas, cada vez más ajenas a sus propios valores.

Por duro que parezca, si Occidente quiere frenar mínimamente el avance del integrismo en Levante, tendrá que apoyar al sanguinario dictador sirio, cosa que en cierto modo ya ha hecho al tolerar sus matanzas después de la entrega de su arsenal químico hace unos meses, que más tuvo de escenificación de cara a la opinión pública que de hecho sustancial. Occidente debe comprender de una vez que la democracia solo es posible si antes hay paz, seguridad y prosperidad. Y no solo eso; también tendrá que contemplar que no todos los países son afines a nuestra forma de gobierno, por mucho que en los tiempos que corren se haya convertido en un eufemismo para aplicar los dictados de los mercados y los agentes financieros.

En todo caso, y siguiendo con el discurso descarnado, no se vislumbran soluciones en el horizonte y todo indica que los conflictos en la zona se enquistarán hasta resolverse de una u otra manera. Nosotros tuvimos la Pax Romana y puede que ellos deban padecer su Pax Islamica. En todo caso, Occidente no hará lo que debería desde el punto de vista ético y seguirá interviniendo y embrollando en los tableros geopoliticos del mundo hasta que se empache de piezas y muera de éxito. Son tiempos complicados y más que lo serán, y mejor será que no olvidemos que el mundo es cada día más pequeño y ninguna amenaza o conflicto están tan lejos como para sentirnos plenamente inmunes a ellos.

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  1. Impresionante. Se nota que lo has mamado y que conoces muy bien la idiosincrasia del islam. Sabía que los problemas de la zona arraigan muy profundos en la historia, pero no a tal nivel de complejidad.

    Lo que me da miedo de todo esto es que, EEUU, el principal desestabilizador de la zona, se acerca a sus elwcciones presidenciales y, muy probablemente, vuelvan nuestros amigos republicanos al poder, tras la enorme decepción que ha supuesto Obama. Y no es que Obama haya sido, con sus actos en sus dos legislaturas, merecedor de ese sorprendente Nóbel de la Paz que se le dio, pero de todos es conocido que los republicanos son más dados al intervencionismo en la zona.

    No sé a dónde puede llevar esto, pero hago mías tus palabras finales de que "no se vislumbran soluciones en el horizonte".

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    Respuestas
    1. Gracias Paco ^^

      Se ve que los tiempos en los que EEUU se vendía como el garante de la libertad han pasado a mejor vida. Hoy, quitados los disfraces, se nota más que nunca que cada potencia persigue sus intereses de manera descarnada, aun a riesgo de desestabilizar zonas enteras y tirarse, a la larga, piedras en su propio tejado. Supongo que va en sintonía con la época deshumanizada que nos toca vivir. No soy optimista, desde luego.

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